lunes, 22 de mayo de 2017

FÓRMULA DEL ÉXITO


Si A es el éxito en la vida, entonces A = X + Y + Z. Donde X es trabajo, Y es placer y Z es mantener la boca cerrada.
(Albert Einstein)

Existen cursos y talleres para aprender a hablar correctamente y de forma efectiva, pero en ningún sitio nos enseñan a mantener la boca cerrada cuando deberíamos hacerlo.

Hablar lo justo, medir nuestras palabras y, en muchas situaciones, saber callar forma parte de esa fórmula del éxito que Albert Einstein dio a uno de sus alumnos.

La economía de las palabras es una opción muy valiosa tanto para las relaciones privadas como para el mundo laboral. Las personas empáticas saben escuchar y observar, y hablan solo cuando es necesario y beneficioso hacerlo.

Aprendemos mucho más prestando atención que hablando. De hecho, muchos problemas no llegan a resolverse porque el ego nos empuja a tener la razón y no tenemos en cuenta el punto de vista del otro.

LA COMPASIÓN


domingo, 21 de mayo de 2017

EL MIEDO


Una mañana nos regalaron un conejo de Indias. Llegó a casa enjaulado. Al mediodía, le abrí la puerta de la jaula.

Volví a casa al anochecer y lo encontré tal como lo había dejado: jaula adentro, pegado a los barrotes, temblando del susto de la libertad.

DESPRENDERSE


sábado, 20 de mayo de 2017

POR UNOS SEGUNDOS DUDA DE LA SOLIDEZ Y VERDAD DE TUS OPINIONES


Tener aunque sólo sea unos segundos de duda respecto a la solidez y la verdad absoluta de nuestras opiniones, incluso el simple hecho de tomar conciencia de que tenemos opiniones, nos introduce a la posibilidad de la ausencia de ego. No tenemos que hacer desaparecer nuestras opiniones y no tenemos que criticarnos por tenerlas. Simplemente hemos de ser conscientes de lo que nos decimos a nosotros mismos y ver cuánto de ello no es más que nuestra percepción personal de la realidad, que puede ser compartida o no por los demás.

Dejamos ir estas opiniones y volvemos a la inmediatez de nuestra experiencia. Volvemos a ver el rostro de alguien que está inmediatamente frente a nosotros, volvemos a saborear nuestro café, a cepillarnos los dientes, a hacer lo que estemos haciendo. Si podemos ver nuestras opiniones como opiniones y dejarlas pasar aunque sólo sea por un momento, para volver a la inmediatez de la experiencia, quizá descubramos que estamos en un mundo muy nuevo, que tenemos nuevos ojos y nuevos oídos. 

Cuando hablo de percibir las opiniones, me refiero a ello como la forma más simple de comenzar a prestar atención a lo que hacemos y pensamos, y a toda la energía que dichas funciones implican. A continuación, podemos empezar a darnos cuenta de lo sólidas que hacemos las cosas y de lo fácil que nos resulta entrar en una guerra en la que nuestras opiniones tienen que prevalecer sobre las de los demás; esto es particularmente tentador cuando estamos implicados en una acción social. 

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