lunes, 15 de enero de 2018

EL HOMBRE ECUÁNIME


Era un hombre querido por todos.

Vivía en un pueblo en el interior de la India, había enviudado y tenía un hijo. Poseía un caballo, y un día, al despertarse por la mañana y acudir al establo para dar de comer al animal, comprobó que se había escapado. La noticia corrió por el pueblo y vinieron a verlo los vecinos para decirle:

--¡Qué mala suerte has tenido!

Para un caballo que poseías y se ha marchado.

--Sí, sí, así es; se ha marchado -dijo el hombre.

Transcurrieron unos días, y una soleada mañana, cuando el hombre salía de su casa, se encontró con que en la puerta no sólo estaba su caballo, sino que había traído otro con él. Vinieron a verlo los vecinos y le dijeron:

--¡Qué buena suerte la tuya! No sólo has recuperado tu caballo, sino que ahora tienes dos.

--Sí, sí, así es -dijo el hombre.

Al disponer de dos caballos, ahora podía salir a montar con su hijo. A menudo padre e hijo galopaban uno junto al otro. Pero he aquí que un día el hijo se cayó del caballo y se fracturó una pierna. Cuando los vecinos vinieron a ver al hombre, comentaron:

--¡Qué mala suerte, verdadera mala suerte! Si no hubiera venido ese segundo caballo, tu hijo estaría bien.

--Sí, sí, así es -dijo el hombre tranquilamente.

Pasaron un par de semanas. Estalló la guerra. Todos los jóvenes del pueblo fueron movilizados, menos el muchacho que tenía la pierna fracturada. Los vecinos vinieron a visitar al hombre, y exclamaron:

--¡Qué buena suerte la tuya! Tu hijo se ha librado de la guerra.

--Sí, sí, así es -repuso serenamente el hombre ecuánime.

EL PRINCIPIO O EL FIN


domingo, 14 de enero de 2018

SEMBRANDO LAS SEMILLAS DE LA FELICIDAD


En ti hay tanto semillas de felicidad como de infelicidad que han sembrado tus padres, tus antepasados o tus amigos. Cuando las semillas de la felicidad se manifiestan, te sientes muy contento. Pero cuando se manifiestan las semillas del sufrimiento, la ira y el odio, te sientes muy infeliz. La cualidad de nuestra vida depende de la cualidad de las semillas que hay en nuestra consciencia.

Cuando practicas el respirar, el sonreír y el contemplar las bellas cosas que hay a tu alrededor, estás sembrando las semillas de la belleza y la felicidad. Por eso hacemos la práctica de inspirar y vernos como una flor y de espiral y sentirnos frescos; de inspirar y vernos como una montaña y de espirar y sentirnos sólidos como una montaña. Esta práctica nos ayuda a sembrar las semillas de la estabilidad y el frescor en nosotros. Cada vez que caminamos con calma y tranquilidad, o que sonreímos y nos relajamos, estamos sembrando las semillas que fortalecerán nuestra felicidad. A cada paso feliz que damos, sembramos una semilla de la felicidad.

ESPACIO PARA EL NO SABER


sábado, 13 de enero de 2018

CREO EN LOS LIBROS, NO EN LOS PROFESORES


Cuando era estudiante universitario, nunca asistía a las clases de mis profesores. Desde luego, se sentían ofendidos. Un día el decano de mi facultad me llamó y me dijo: ¿Por qué ha venido a la universidad? Nunca lo vemos, nunca asiste a las clases. Recuerde: cuando llegue la hora de los exámenes, no nos solicite una certificación de asistencia, pues para acceder a los exámenes tiene que poder demostrar una asistencia de al menos setenta y cinco por ciento. 

Entonces tomé al viejo de la mano y le dije: Venga conmigo, quiero mostrarle dónde he estado y por qué vine a la universidad. El hombre tenía un poco de miedo, pues no sabía a dónde lo llevaba ni por qué. Además, se sabía que yo era un tanto excéntrico. Me preguntó: ¿A dónde me está llevando?‘ 

Le contesté: Le demostraré que tiene que certificarme el ciento por ciento de asistencia. Venga conmigo‘. Lo llevé a la biblioteca y le dije al bibliotecario: Cuéntele a este señor: ¿ha habido un solo día en que no haya estado yo en la biblioteca?‘ Y en bibliotecario respondió: 

Ha estado aquí aun en los días feriados. Si la biblioteca no está abierta, este estudiante se sienta en el jardín de la biblioteca, pero siempre viene. y todos los días tenemos que decirle: Por favor, tiene que irse porque ya es hora de cerrar. 

ESPACIOS


viernes, 12 de enero de 2018

EL TIRANO QUE LLEVAMOS DENTRO


La premisa es: si acorralas a un dogmático, se volverá autoritario. O dicho de otra forma: una persona rígida, cuando se siente presionada, sacará a relucir al tirano que lleva dentro.112, 113 

Hace unos años, en una prestigiosa Universidad privada hubo un incidente entre un grupo de estudiantes que asistían a una carrera técnica. Fui invitado por el vicerrector al comité disciplinario para analizar los hechos y aportar el punto de vista psicológico. El problema fue el siguiente: En la cafetería de la Universidad, a una hora de máxima asistencia, uno de los estudiantes (al cual llamaré Juan) agredió físicamente a dos de sus compañeros y les causó lesiones menores. El altercado se debió a una discusión entre un pequeño grupo «progresista» y el estudiante agresor, debido a que este último era miembro activo del Opus Dei y hacía abierto proselitismo de sus ideas. Durante los últimos dos años, había sido blanco de críticas y burlas por varios de sus compañeros y estudiantes de otros cursos. Ese día en especial, el «grupo disidente» rayó sus cuadernos, abrió su mochila y rompió unos pasquines en los que se promocionaba la imagen del líder de la organización. Uno de ellos le empujó, otro le pegó un coscorrón y finalmente Juan, que era un joven bastante corpulento, pegó a ambos. De inmediato, la gente intervino tratando de apaciguar los ánimos, hasta que las autoridades universitarias se hicieron cargo del asunto.

El vicerrector era un hombre joven, amable y bastante exitoso en su gestión. Tenía fama de ser inflexible y algo dogmático en sus ideas, pero también de ser justo y recto en sus decisiones. En la primera reunión del comité disciplinario, todo el mundo tuvo una disposición flexible y abierta. Los asistentes fueron: un profesor, una trabajadora social, el jefe de estudios, el vicerrector y yo mismo. Sin embargo, en el segundo encuentro el ambiente cambió debido a una diferencia de criterios entre el vicerrector, por un lado, y el profesor y yo por otro. El desacuerdo fue a causa del tipo de sanción propuesta por la Universidad (la directiva quería expulsar a todos los implicados). La opinión del profesor y la mía era que la expulsión era una medida exagerada y que, de alguna manera, se estaban dejando a un lado los atenuantes que podían explicar y hacer más comprensiva la reacción de Juan. Él había sido víctima de discriminación por sus ideas religiosas, independientemente de que las compartiéramos o no. ¿Había que evaluar a todos con el mismo rasero? 

PEDAZOS QUE DESPUÉS SE VUELVEN A JUNTAR


jueves, 11 de enero de 2018

CAMINARES


Tengo el cuerpo todo lleno de palabras. En los análisis de sangre, siempre aparecen más palabras que glóbulos:

—El colesterol está dentro de los límites, pero las palabras... —me dice el médico, y frunce el ceño.

Las palabras me caminan adentro, mientras yo camino. En mis ires y venires a lo largo de la costa de Montevideo, las palabras van y vienen todo a lo largo de mí: ellas se buscan, se encuentran, se juntan, y juntas crecen y se van convirtiendo en cuentos que quieren ser contados. Entonces las palabras golpean a las puertas de mi cuerpo, la puerta de la boca, la puerta de la mano, queriendo salir, queriendo darse, mientras yo me dejo ir por la orilla del río ancho como mar. Fue a la orilla de ese río-mar donde alguna vez también yo golpeé a las puertas de un cuerpo, queriendo salir, queriendo darme, y fui nacido.

TIEMPO DE PRUEBA Y CURACIÓN


miércoles, 10 de enero de 2018

LA VERDAD... ¿ES LA VERDAD?


El rey había entrado en un estado de honda reflexión durante los últimos días. Estaba pensativo y ausente. Se hacía muchas preguntas, entre otras por qué los seres humanos no eran mejores. Sin poder resolver este último interrogante, pidió que trajeran a su presencia a un ermitaño que moraba en un bosque cercano y que llevaba años dedicado a la meditación, habiendo cobrado fama de sabio y ecuánime.

Sólo porque se lo exigieron, el eremita abandonó la inmensa paz del bosque.

--Señor, ¿qué deseas de mí? -preguntó ante el meditabundo monarca.

--He oído hablar mucho de ti -dijo el rey-. Sé que apenas hablas, que no gustas de honores ni placeres, que no haces diferencia entre un trozo de oro y uno de arcilla, pero todos dicen que eres un sabio.

--La gente dice, señor -repuso indiferente el ermitaño.

--A propósito de la gente quiero preguntarte -dijo el monarca-. ¿Cómo lograr que la gente sea mejor?

--Puedo decirte, señor -repuso el ermitaño-, que las leyes por sí mismas no bastan, en absoluto, para hacer mejor a la gente. El ser humano tiene que cultivar ciertas actitudes y practicar ciertos métodos para alcanzar la verdad de orden superior y la clara comprensión. Esa verdad de orden superior tiene, desde luego, muy poco que ver con la verdad ordinaria.

El rey se quedó dubitativo. Luego reaccionó para replicar:

--De lo que no hay duda, ermitaño, es de que yo, al menos, puedo lograr que la gente diga la verdad; al menos puedo conseguir que sean veraces.

El eremita sonrió levemente, pero nada dijo. Guardó un noble silencio.

El rey decidió establecer un patíbulo en el puente que servía de acceso a la ciudad. Un escuadrón a las órdenes de un capitán revisaba a todo aquel que entraba a la ciudad. Se hizo público lo siguiente: “Toda persona que quiera entrar en la ciudad será previamente interrogada. Si dice la verdad, podrá entrar. Si miente, será conducida al patíbulo y ahorcada”.

Amanecía. El ermitaño, tras meditar toda la noche, se puso en marcha hacia la ciudad. Su amado bosque quedaba a sus espaldas. Caminaba con lentitud. Avanzó hacia el puente. El capitán se interpuso en su camino y le preguntó:

--¿Adónde vas?

--Voy camino de la horca para que podáis ahorcarme -repuso sereno el eremita.

El capitán aseveró:

--No lo creo.

--Pues bien, capitán, si he mentido, ahórcame.

EL DOLOR NO SE VA AISLÁNDOTE


martes, 9 de enero de 2018

EL HOMBRE QUE FUE A PEDIR SU PARTE A DIOS


Un hombre muy desgraciado se preguntaba un día qué habría hecho Dios, justo y bueno, con su parte de felicidad, y resolvió que Lo iría a ver y Se la reclamaría. Dicho y hecho, se puso en camino. 

Llegado a un pueblecillo, pidió hospitalidad en nombre de Dios a una mujer, que le dijo que su marido había matado ya a noventa y nueve personas, y que él corría el peligro de convertirse en la centésima víctima. De todas formas, ocultó al viajero en un cobertizo fuera de la casa, tras haberle dado de comer. 

Una vez vuelto su esposo, le contó la mujer lo que había pasado, pero le suplicó que no matase a aquel viajero que había partido para reclamar a Dios su parte. El marido lo prometió, hizo que le trajera al viajero a su casa y lo trató con generosidad durante tres días, después de lo cual le encargó decirle al Señor que, si bien había matado noventa y nueve hombres, a él no le había hecho daño alguno, y que imploraba Su perdón. El viajero aceptó dar aquel recado. 

Después llegó a un bosque donde había un ermitaño que vivía en penitencia y a quien, cada noche, mandaba Dios alimento milagrosamente. 

El ermitaño invitó al viajero a compartir la cena, que aquella noche resultó estar compuesta de dos platos, enviados, como siempre, por el Cielo. Como uno de los platos era más refinado que el otro, lo comió el ermitaño, dejando el menos bueno para su huésped. Cuando éste le dejó, a la mañana siguiente, el ermitaño le encargó que le preguntara a Dios qué lugar le reservaba en el más allá después de la muerte. 

El viajero llegó luego a un desierto en el que distinguió a un hombre de delgadez esquelética, completamente desnudo, que se escondía en un agujero cavado en la arena. Le preguntó al peregrino cuál era su destino y, enterado, le pidió que le dijese a Dios que aquel que no tenía para cubrirse otra cosa que arena le enviaba decir que estaba dispuesto a aceptar una desgracia más, proclamando, esto, con aire desafiante. 

Finalmente, el viajero terminó por encontrarse a un ángel que le preguntó a dónde iba, y que le informó que a él había encargado Dios dar a cada hombre lo suyo. El se encargaría de pedir las respuestas. El hombre respondió que había venido a pedir su parte, pues no había recibido nada en este mundo. En cuanto a aquellos que había encontrado, uno era un hombre que, habiendo matado a noventa y nueve, le había dado hospitalidad y solicitaba el perdón de Dios. El segundo era el ermitaño. El tercero el solitario que vivía en un agujero del Sáhara. 

A TRAVÉS DE LA MEDITACIÓN


lunes, 8 de enero de 2018

EL SOLDADO AMIGO


Un soldado le dijo a su teniente:

-Mi amigo no ha regresado del campo de batalla, señor. Solicito permiso para ir a buscarlo.

-Permiso denegado -replicó el oficial-. No quiero que arriesgue su vida por un hombre que probablemente ha muerto.

El soldado sin hacer caso, salió. Una hora más tarde regresó, mortalmente herido, transportando el cadáver de su amigo. El oficial estaba furioso:

-¡Le dije que había muerto! Dígame: ¿merecía la pena ir allá para traer un cadáver.

Y él soldado, casi moribundo, respondió:

-¡Claro que si, señor! Cuando lo encontré, todavía estaba vivo y pudo decirme: "¡Estaba seguro de que vendrías!"

ADICCIONES


domingo, 7 de enero de 2018

SOMOS COMO LÁZARO


En el Nuevo Testamento se encuentra la bella historia de Lázaro. Los cristianos no la han comprendido a cabalidad. 

Lázaro muere. Es el hermano de María Magdalena y Marta y un gran devoto de Jesús. Jesús está ausente, y cuando recibe la información y la invitación a que vuelva inmediatamente, ya han pasado dos días. Cuando llega a la casa de Lázaro, ya han pasado cuatro días. Pero María y Marta lo están esperando; tal es su confianza en él. Toda la aldea se ríe de ellas. A ojos de los demás, ellas son necias porque están conservando el cadáver de Lázaro en una cueva, vigilándolo día tras día, haciendo guardia. Pero el cadáver ha comenzado a heder, a deteriorarse. 

Los aldeanos les dicen: ¡Ustedes son necias! Jesús no puede hacer nada. ¡Cuando alguien está muerto, está muerto! Jesús llega. Se dirige a la cueva, pero no entra sino que permanece afuera y llama a Lázaro, pidiéndole que salga. La gente se congrega. Algunos se ríen y piensan: ¡Este hombre debe de estar loco! 

Alguien le pregunta: ¿Qué está usted haciendo? ¡Está muerto! Ha estado muerto cuatro días. De hecho, entrar a la cueva es difícil. El cadáver está hediendo. ¡Es imposible! ¿A quién llama? Imperturbable, Jesús grita una y otra vez: ¡Lázaro, sal! La multitud se lleva una gran sorpresa: Lázaro sale de la cueva, trastornado, sacudido, como si saliera de un largo sueño, como si hubiera caído en un coma. Él mismo no logra creer lo que le ha ocurrido, o por qué estaba en la cueva. 

Poco importa si Lázaro estaba muerto de verdad o no. Poco importa si Jesús era capaz de resucitar a los muertos. Es absurdo enredarse en tales discusiones. Sólo los eruditos son tan necios. Ninguna persona de entendimiento podrá creer que este relato es histórico. ¡Es mucho más! No es un hecho, es una verdad. No es algo que ocurre en el tiempo; es más: es algo que ocurre en la eternidad. 

ABONO ORGÁNICO


sábado, 6 de enero de 2018

TAO TE KING: PRINCIPIO 36


Si quieres estrujar una cosa,
procura que antes se dilate.

Si quieres debilitar algo,
procura que cobre fuerza primero.

Antes de aniquilar algo,
espera a que florezca plenamente.

Si quieres privar de algo a alguien,
primero habrás de darle lo bastante.

A esto se le llama penetrar lo invisible.

Lo flexible vence a lo rígido.

HISTORIAS DE CULPABILIDAD


viernes, 5 de enero de 2018

GÉNESIS, 2


Andrea Díaz iba trotando, montaña abajo, por la costa del Pacífico, cuando de pronto se le descolocaron las rodillas y cayó redonda al suelo. 

En andas fue llevada hasta el pueblo de Quepos. La llevó un vecino que tenía músculos hasta en las uñas y ni se enteró del esfuerzo. Después, el tarzán trepó como ardilla por el tronco de un cocotero y a machetazos partió los cocos: 

—Tómese esto —mandó. 

Y explicó que no hay mejor remedio que el agua de coco para que vuelvan a su sitio los huesos que se han corrido de lugar: 

—Esto bebían Adán y Eva, en el tiempo que no había enfermedades. Las enfermedades son de después. 

Andrea obedeció, pero no pudo callarse la boca: 

—¿Y usted cómo sabe? 

El hombre la miró con pena: 

—Pero mi niña, cualquiera sabe. ¿No ve que en el Paraíso no había agua corriente?

PRISIONES CONCEPTUALES


jueves, 4 de enero de 2018

BARRO EN EL FONDO DEL AGUA


SENTADO BAJO EL MANZANO ROSAL


Meditar sentado es una forma de volver al aquí y al ahora. La meditación es un método fantástico para detenerte. Si sabemos hacer la práctica de meditar sentados, nuestra mente se volverá clara, fuerte y estable. Entonces nadie podrá provocamos fácilmente ni hacernos perder la calma. Así que has de sentarte como si fueras una montaña. Por más fuerte que sea el viento, nunca logrará derribar una montaña. Si no puedes meditar sentado durante media hora, hazlo sólo durante tres minutos. Si consigues sentarte como si fueras una montaña durante tres minutos, estará ya muy bien.

Cuando te sientes a meditar, asegúrate de no hacerlo por ninguna otra razón, siéntate por ti. ¿Por qué me siento a meditad? ¡Porque me gusta! No digas: “Lo hago porque quiero alcanzar la Budeidad”. Si alguien te pregunta por qué te sientas a meditar, dile: “Lo hago porque me gustan". Yo creo que es la mejor respuesta. Disfrutas meditando porque te conviertes en una flor, en una montaña, en unas aguas calmas y en el espacio vacío. Cuando te conviertes en todas esas cosas maravillosas, eres realmente tú mismo y vives profundamente en el aquí y el ahora.

La siguiente historia trata de Siddharta, el Buda, cuando era niño:

Cuando Siddharta tenía nueve años sus padres le dejaron asistir con unos compañeros del colegio a la ceremonia de la arada de los campos. El rey Siddharta la presidía cada año. Gotami, la madre de Siddharta, lo atavió para la ocasión con las prendas más lujosas.

La ceremonia se realizó en una de las tierras más Fértiles del reino. Los sacerdotes empezaron a recitar las escrituras sagradas. Luego el rey con la ayuda de dos miembros de su ejército, aró la primera hilera del campo mientras la multitud les ovacionaba entusiasmada. ¡La estación de la arada había empezado! Los agricultores, sonriendo el gesto del rey, se dispusieron a arar sus propios campos.

Siddharta se quedó en el extremo de un campo contemplando cómo un agricultor enganchaba el arado a un búfalo de agua. Asegurándolo con una mano, azuzó con la otra al animal. El búfalo empezó a tirar con firmeza del pesado arado. El cuerpo del agricultor brillaba bajo el ardiente sol empapado de sudor. El arado firme dividiendo la fértil tierra en dos precisos surcos.

COMO LA MAÑANA Y LA NOCHE


miércoles, 3 de enero de 2018

PLEITO A LA LUZ


He aquí que un día la oscuridad se percató de que la luz cada vez le estaba robando mayor espacio y decidió entonces ponerle un pleito. Tiempo después, llegó el día marcado para el juicio. La luz se personó en la sala antes de que lo hiciera la oscuridad.

Llegaron los respectivos abogados y el juez. Transcurrió el tiempo, pero la oscuridad no se presentaba. Todos esperaron pacientemente, pero la oscuridad no aparecía. Finalmente, harto el juez y constatando que la parte demandante no acudía, falló a favor de la luz. ¿Qué había sucedido? ¿Cómo era posible que la oscuridad hubiera puesto un pleito y no se hubiera presentado? Nadie salía de su asombro, aunque la explicación era sencilla: la oscuridad estaba fuera de la sala, pero no se atrevió a entrar porque sabía que sería en el acto disipada por la luz.

***

El Maestro dice:

NO TE LO TOMES TAN EN SERIO


martes, 2 de enero de 2018

EL PERRO ATERRADO Y LA PERCEPCIÓN ERRÓNEA


Se trataba de un perro callejero.

Le gustaba curiosear todos los rincones e ir de aquí para allá. Siempre había sido un vagabundo y disfrutaba mucho con su forma de vida. Pero en una ocasión penetró en un palacio cuyas paredes estaban recubiertas de espejos. El perro entró corriendo en una de sus acristaladas estancias y al instante vio que innumerables perros corrían hacia él en dirección opuesta a la suya. Aterrado, se volvió hacia la derecha para tratar de huir, pero entonces comprobó que también había gran número de perros en esa dirección. Se volvió hacia la izquierda y comenzó a ladrar despavorido. Decenas de perros, por la izquierda, le ladraban amenazantes. Sintió que estaba rodeado de furiosos perros y que no tenía escapatoria. Miró en todas las direcciones y en todas contempló perros enemigos que no dejaban de ladrarle. En ese momento el terror paralizó su corazón y murió víctima de la angustia.

***

El Maestro dice: La percepción errónea conduce a la muerte espiritual. Sólo el discernimiento purificado abre una vía hacia el despertar definitivo.


Tomado del libro:
101 Cuentos clásicos de la India
LA TRADICIÓN DE UN LEGADO ESPIRITUAL
Recopilación de Ramiro Calle
Fotográfía de Internet

PARA SER FLEXIBLE (AUTORITARISMO)


Para ser flexible

  • Queda claro que la personalidad autoritaria es una enfermedad psicológica o una calamidad social.
  • El verdadero líder no se impone. Si te gusta mandar, hazlo con decoro. Busca amigos y no prisioneros. No subestimes a la gente; ellos nunca te aceptarán si violas sus derechos. No te confundas: a un autoritario no lo aman ni siquiera los esclavos. 
  • Ser flexible es comprender que el buen ejercicio del poder es una virtud que nace de la aceptación del otro como ser humano. Además, hoy mandas tú y mañana será otra persona. ¿Te gustaría quedar bajo las órdenes de un autoritario?

ESTADOS DE ÁNIMO


lunes, 1 de enero de 2018

MAN IN THE MIRROR

EL SECRETO (Pema Chrödrön)


Mientras sigamos buscando seguridad y felicidad, en lugar de celebrar el sabor, el olor y la cualidad de lo que esta ocurriendo en ese momento, mientras intentemos huir de la incomodidad, seguiremos atrapados en el ciclo de la infelicidad y la decepción y cada vez nos sentiremos más débiles. Esta forma de considerarlo nos ayuda a desarrollar fuerza interior. Y lo que es realmente alentador es ver que podemos recurrir a ella cuando creamos haber tocado fondo, cuando peor nos estén yendo las cosas.

En lugar de preguntarte: “¿cómo puedo sentirme seguro y feliz?”, di “¿Puedo sentir el núcleo de mi dolor? ¿puedo observar tanto sufrimiento como el mío sin intentar escapar de él? ¿Puedo estar presente al sentir el dolor de la pérdida de un ser querido o de la desgracia -la decepción en su múltiples formas- y dejar que la situación haga que me abra?”. Éste es el secreto.

VALENTÍA DE GRANDES PROFESORES


Cuando era niña, tenía un libro lleno de dibujos llamado Vidas de Santos. Estaba lleno de historias de hombres y mujeres que nunca habían tenido un pensamiento agresivo y nunca habían hecho daño ni a una mosca. El libro me pareció totalmente inútil como guía para enseñarnos a los seres humanos cómo vivir una buena vida. Para mí, La vida de Milarepa es mucho más instructiva. Con los años, a medida que leía y volvía a leer la historia de Milarepa, descubría consejos para mi propia vida cuando me quedaba atascada y parecía no poder avanzar. Para empezar, Milarepa era un asesino, y como la mayoría de nosotros cuando metemos la pata, quería reparar sus errores. Y, también como la mayoría de nosotros, a menudo se rompía la cara mientras buscaba la liberación. Mintió y robó para conseguir lo que deseaba, se deprimía tanto que tenía arranques suicidas y sentía nostalgia de los viejos tiempos. Como nos ocurre a la mayoría, en su vida había una persona que le ponía a prueba constantemente y hacía estallar su apariencia de santo. Incluso cuando casi todos lo consideraban uno de los hombres más santos de Tíbet, su vengativa tía continuaba pegándole con palos e insultándole, y él tenía que seguir pensando qué hacer en esas situaciones tan humillantes. 

Podemos sentirnos agradecidos de que un largo linaje de profesores se haya dedicado a mantenerse en su lugar en medio de grandes aprietos. Sufrieron pruebas, fracasaron y continuaron explorando cómo permanecer en su sitio, sin buscar suelo sólido bajo los pies. Practicaron sin descanso a lo largo de toda su vida para no renunciar a sí mismos y no salir huyendo cuando se quedaban sin conceptos y sin sus nobles ideales. Desde su propia experiencia nos transmiten sus ánimos para que no pasemos por encima del gran aprieto, sino que lo observemos directamente, tal como es, no sólo con el rabillo del ojo. Nos enseñan a experimentar el gran aprieto plenamente, no como algo bueno o malo, sino como algo incondicionado y ordinario.

EL MUNDO DE LAS PALABRAS


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