jueves, 4 de enero de 2018

SENTADO BAJO EL MANZANO ROSAL


Meditar sentado es una forma de volver al aquí y al ahora. La meditación es un método fantástico para detenerte. Si sabemos hacer la práctica de meditar sentados, nuestra mente se volverá clara, fuerte y estable. Entonces nadie podrá provocamos fácilmente ni hacernos perder la calma. Así que has de sentarte como si fueras una montaña. Por más fuerte que sea el viento, nunca logrará derribar una montaña. Si no puedes meditar sentado durante media hora, hazlo sólo durante tres minutos. Si consigues sentarte como si fueras una montaña durante tres minutos, estará ya muy bien.

Cuando te sientes a meditar, asegúrate de no hacerlo por ninguna otra razón, siéntate por ti. ¿Por qué me siento a meditad? ¡Porque me gusta! No digas: “Lo hago porque quiero alcanzar la Budeidad”. Si alguien te pregunta por qué te sientas a meditar, dile: “Lo hago porque me gustan". Yo creo que es la mejor respuesta. Disfrutas meditando porque te conviertes en una flor, en una montaña, en unas aguas calmas y en el espacio vacío. Cuando te conviertes en todas esas cosas maravillosas, eres realmente tú mismo y vives profundamente en el aquí y el ahora.

La siguiente historia trata de Siddharta, el Buda, cuando era niño:

Cuando Siddharta tenía nueve años sus padres le dejaron asistir con unos compañeros del colegio a la ceremonia de la arada de los campos. El rey Siddharta la presidía cada año. Gotami, la madre de Siddharta, lo atavió para la ocasión con las prendas más lujosas.

La ceremonia se realizó en una de las tierras más Fértiles del reino. Los sacerdotes empezaron a recitar las escrituras sagradas. Luego el rey con la ayuda de dos miembros de su ejército, aró la primera hilera del campo mientras la multitud les ovacionaba entusiasmada. ¡La estación de la arada había empezado! Los agricultores, sonriendo el gesto del rey, se dispusieron a arar sus propios campos.

Siddharta se quedó en el extremo de un campo contemplando cómo un agricultor enganchaba el arado a un búfalo de agua. Asegurándolo con una mano, azuzó con la otra al animal. El búfalo empezó a tirar con firmeza del pesado arado. El cuerpo del agricultor brillaba bajo el ardiente sol empapado de sudor. El arado firme dividiendo la fértil tierra en dos precisos surcos.

Siddharta advirtió que mientras el arada removía la tierra, las lombrices y otros bichitos que vivían en ella eran partidos por la mitad y perecían agonizando bajo el tórrido sol. Los pájaros que volaban en lo alto al divisarlos empezaron a descender para disfrutar del banquete. Un halcón aprovechando la ocasión, bajó en picada y atrapó a uno de ellos con sus garras y se lo llevó.

Siddharta, que contemplaba esta escena bajo el sol abrasador, empezó también a cubrirse de sudor y fue a refugiarse a la sombra de un manzano rosal para reflexionar sobre ello. Se sentó cruzando las piernas y cerró los ojos. Permaneció de ese modo durante mucho tiempo, en silencio y con la espalda derecha, pensando sobre lo que había visto. Los miembros de su familia regresaron de los campos con un refrigerio para celebrar la fiesta de la arada. La gente se puso a cantar y a bailar, pero a pesar de haber empezado la fiesta, Siddharta siguió meditando en silencio.

Cuando el rey y la reina pasaron cerca del lugar, Siddharta seguía absorto en lo que había visto en el campo y se sorprendieron al verle sumido en una profunda concentración. Tenía un aspecto tan hermoso que su madre se puso a llorar de emoción. Al acercarse a él, Siddharta abrió los ojos y le dijo: “Madre, recitar las escrituras no ayuda para nada a las lombrices y a los pájaros”

Más tarde, cuando el Buda hacía ya mucho tiempo que practicaba, rememoró la primera vez que se sentó a meditar, a los nueve años, a la fresca sombra de un manzano rosal y recordó ¡lo refrescantes y tranquilos que habían sido aquellos momentos para él!

Si sentarse en meditación fuera desagradable y exigiera mucho esfuerzo, yo no lo haría en absoluto. Lo hago sólo porque me hace feliz. Si me produjera sufrimiento, no me sentaría a meditar. Sentarse en meditación significa estar presente al cien por cien. Si al principio sólo consigues estarlo un ochenta por ciento, ya bastará. A medida que pase el tiempo, lo irás haciendo cada vez mejor. A lo mejor ayer fue un ochenta por ciento, pero hoy puede ser un ochenta y uno. Cuando más presente estés, más feliz y estable te volverás. Sólo te sientas a meditar para alcanzar la felicidad y la estabilidad y no por ninguna otra razón.

Cuando nos sentamos y meditamos, nos detenemos y dejamos que nuestra mente se calme y aclare. Es como el barro posándose en el fondo del agua. Si a un vaso con agua le añades barro y lo dejas reposar, el barro se irá depositan do poco a poco en el fondo y el agua volverá a estar clara. Pero si mueves o agitas el barro, no podrá depositarse en el fondo. Cuando el barro permanece en calma, el agua se mantiene clara. Con nuestra mente ocurre lo mismo.

Cuando te sientas a meditar, hazlo en la posición que prefieras: la del loto, del medio loto, del crisantemo o del medio crisantemo. La posición del loto consiste en sentarse con las piernas cruzadas. La posición del crisantemo es adoptar la postura que más te guste. Elige la que te resulte más cómoda. La posición del loto se considera en general la más bella y estable. Cuando yo me siento en esta postura, mi cuerpo se mantiene muy estable, aunque me empujaras no me caería. Cuando el cuerpo está estable, la mente también lo está, porque el cuerpo y la mente se influyen mutuamente.

¿Puede la meditación transformar nuestra infelicidad? Sí, así es. A través de la meditación la felicidad se vuelve más real e importante, y la infelicidad empieza a disminuir. A través de la meditación la basura que hay en nosotros se transforma en abono orgánico y al cabo de poco vuelve a convertirse en flores. A través de la meditación aprendemos a ser felices y a hacer que otras personas también lo sean. Así es como podemos ocuparnos de nuestra infelicidad.

Extracto del libro:
A la sombra del manzano rosal
El budismo explicado a los niños
Thich Nhat Hanh
Fotografía tomada de internet

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